El apego como adaptación al peligro

Nuestro sistema nervioso organiza de manera preconsciente la respuesta de la persona en función de la percepción de peligro —como abandono, rechazo, traición, daño físico o emocional— más que del peligro objetivo.

Cómo la percepción de amenaza organiza el sistema nervioso y las respuestas del sistema de defensa.

Benítez Méndez, Carmen. (2026). Blog El Olivo Psicoterapia Humanista.

como citar: Benítez Méndez, C. (2026). El apego como adaptación al peligro. Cómo la percepción de amenaza organiza el sistema nervioso y las respuestas del sistema de defensa. Blog El Olivo Psicoterapia Humanista. https://www.elolivopsicoterapia.com

Resumen:

Nuestro sistema nervioso organiza de manera preconsciente la respuesta de la persona en función de la percepción de peligro —como abandono, rechazo, traición, daño físico o emocional— más que del peligro objetivo. La forma en que la persona procesa la información del entorno influye en cómo se organiza su mundo emocional y conductual, pudiendo activarse una neurocepción de peligro en contextos seguros o, por el contrario, una sensación de seguridad en situaciones potencialmente amenazantes.

El modelo se centra en cómo las personas procesan dos fuentes principales de información para anticipar el peligro: la cognitiva (temporal-causal) y la afectiva (somático-emocional). Las estrategias tipo A tienden a privilegiar la cognición e inhibir la expresión emocional, mientras que las estrategias tipo C amplifican la información afectiva y distorsionan la cognición para maximizar la respuesta del cuidador. Estas estrategias se despliegan en distintos subtipos que reflejan niveles crecientes de complejidad adaptativa.

Por tanto, los síntomas relacionales pueden comprenderse como soluciones adaptativas a contextos tempranos de amenaza, ofreciendo un marco clínico no patologizante que orienta la intervención hacia la comprensión de la función protectora de las estrategias de apego.

Más allá de las categorías clásicas de apego

El Modelo Dinámico-Maduracional de Apego y Adaptación (DMM), desarrollado por Patricia Crittenden, representa una expansión significativa de la teoría del apego original. Mientras que el modelo clásico de Ainsworth identificó tres patrones básicos (seguro, evitativo y ambivalente), el DMM expande las clasificaciones A (evitativo) B (seguro) y C (ansioso/ambivalente)a lo largo del ciclo vital para reflejar las estrategias complejas que los individuos desarrollan en contextos de peligro.

La premisa central del DMM es que todas las estrategias de apego —incluso las más extremas— son adaptaciones funcionales que el individuo desarrolló para protegerse en su contexto específico. No son patología: son soluciones creativas a problemas relacionales reales.

El miedo como organizador, no como desorganizador

Una diferencia fundamental entre el DMM y el modelo de Berkeley (Main y Hesse) es la conceptualización del miedo:
– Modelo de Berkeley: El miedo puede ser desorganizador, llevando a la categoría «D» (desorganizado)

– Modelo DMM: El miedo es organizador —impulsa al individuo a desarrollar estrategias más complejas y sofisticadas para protegerse
Esta distinción tiene implicaciones clínicas profundas: lo que en un modelo se ve como «desorganización» o «colapso», en el DMM se entiende como una estrategia coherente (aunque costosa) de autoprotección.

Hay algo esencial en el modelo DMM, acerca de cómo se comprende el sistema de apego que tiene que ver con el procesamiento de la información. Las dos fuentes de información: cognición y afecto sin un balanceo suponen una forma de aprehender la relación con el yo, el otro y el mundo con un sesgo.

El DMM se basa en cómo el individuo procesa dos tipos de información para predecir el peligro y organizar su conducta:


Procesamiento de la información, tipo A: cognitiva (temporal-causal)
– Secuencias de eventos

-Relaciones causa-efecto
– Predicciones basadas en patrones observados


Procesamiento de la información, tipo C: Información afectiva (somática-emocional)
– Sensaciones corporales
– Estados emocionales
– Señales interoceptivas de peligro
Las estrategias de apego se organizan según qué tipo de información el individuo ha aprendido a privilegiar, distorsionar u omitir.

Estrategias Tipo A: Privilegiar la cognición, inhibir el afecto

Las estrategias Tipo A se caracterizan por:
– Minimización de la expresión emocional
– Inhibición de las necesidades de apego
– Énfasis en la información cognitiva predecible – Omisión de información afectiva negativa

El niño con estrategia A ha aprendido que expresar emociones negativas (miedo, rabia, tristeza) genera rechazo o aumenta el peligro. Por tanto, aprende a predecir cognitivamente qué conducta es segura y a inhibir las señales emocionales.
Subtipos de estrategias A:

– A1-2 (bajo riesgo): Inhibición social, idealización del cuidador. Comunes en población normativa.
– A3-4 (riesgo moderado): Cuidado compulsivo del otro, complacencia compulsiva. El niño cuida al cuidador o se adapta perfectamente a sus expectativas.

– A5-6 (alto riesgo): Promiscuidad compulsiva, autosuficiencia compulsiva. Estrategias más extremas de desconexión emocional.
– A7-8 (muy alto riesgo): Engaño delirante, integración externa de sí mismo. Distorsiones severas de la realidad para mantener la ilusión de seguridad.

Estrategias Tipo C: Privilegiar el afecto, distorsionar la cognición

Las estrategias Tipo C se caracterizan por:
– Amplificación de la expresión emocional
– Hiperactivación del sistema de apego
– Énfasis en la información afectiva
– Omisión o distorsión de información cognitiva


El niño con estrategia C ha aprendido que el cuidador es impredecible: a veces responde, a veces no. Por tanto, aprende a amplificar las señales emocionales para maximizar la probabilidad de respuesta.
Subtipos de estrategias C:
– C1-2 (bajo riesgo): Amenaza, desarme. Alternancia entre mostrar enfado y mostrar vulnerabilidad seductora.
– C3-4 (riesgo moderado): Agresión, indefensión fingida. Escalada de la intensidad emocional.
– C5-6 (alto riesgo): Conducta punitiva, seducción. Uso estratégico de la rabia o la sexualidad para controlar al otro.
– C7-8 (muy alto riesgo): Amenaza de venganza, paranoia. Estados afectivos extremos con distorsión cognitiva severa.

Estrategias A/C: La combinación más compleja

Algunos individuos, especialmente aquellos expuestos a peligro severo o impredecible, desarrollan combinaciones de estrategias A y C:
– Pueden alternar entre inhibición extrema y explosión emocional
– Pueden mostrar una «fachada» A (controlada, complaciente) con irrupciones C (rabia, pánico) – Representan las adaptaciones más complejas a contextos de máximo peligro

Estas combinaciones A/C son frecuentes en poblaciones clínicas y en niños expuestos a maltrato, trauma o cuidadores con sus propias estrategias de alto riesgo.

Estrategias de bajo riesgo vs. alto riesgo

El DMM distingue entre:

Estrategias normativas (bajo riesgo): A1-2, B1-5, C1-2

– Comunes en población general
– Permiten flexibilidad y adaptación
– No implican distorsión severa de información


Estrategias de alto riesgo: A3-8, C3-8, A/C
– Más frecuentes en poblaciones clínicas
– Implican mayor distorsión u omisión de información
– Asociadas a trauma no resuelto, pérdidas, experiencias adversas
Los estudios muestran que los niños en población normativa se clasifican principalmente en patrones de bajo riesgo (A1-2, B, C1-2), mientras que los niños con trastornos psiquiátricos o dificultades graves o bien que están expuestos a adversidad en lo relacional se clasifican mayoritariamente en patrones de alto riesgo.

Modelos operativos internos, según cada estilo de apego


– Un niño con estrategia A ha internalizado: «Mis emociones son peligrosas; debo predecir y controlar»
– Un niño con estrategia C ha internalizado: «El otro es impredecible; debo amplificar para ser visto»
– Un niño con estrategia A/C ha internalizado: «Nada funciona de manera consistente; debo alternar estrategias»
Estos modelos son procedimentales: no son pensamientos conscientes, sino patrones automáticos de procesamiento de información, regulación emocional y representación afectiva.

Los estudios de Beatrice Beebe sobre interacción temprana muestran cómo estas estrategias comienzan a formarse en los primeros meses de vida:


El bebé que reduce su expresión emocional cuando percibe que la madre se desregula está desarrollando un ajuste tipo A. El bebé que intensifica su protesta para recuperar la atención está desarrollando un ajuste tipo C. El bebé que vigila constantemente el rostro materno está aprendiendo que el cuidador es impredecible

Estos micro-ajustes, repetidos miles de veces, se consolidan en estrategias estables y en modelos operativos internos procedimentales.

Implicaciones clínicas

1. Reformulación no patologizante: Los «síntomas» se entienden como estrategias de autoprotección que fueron adaptativas en su contexto original.
2. Formulación funcional: En lugar de preguntar «¿qué tiene este paciente?», preguntamos «¿qué aprendió a hacer para sobrevivir?».

3. Guía para la intervención: Conocer la estrategia del paciente orienta el tipo de experiencia relacional correctiva que necesita.
4. Trabajo con la familia: permite mapear las estrategias de todos los miembros de la familia y entender cómo se influyen mutuamente.

Conclusión:

El DMM nos invita a ver las estrategias de apego no como categorías fijas de «seguridad» o «inseguridad», sino como adaptaciones dinámicas que el individuo desarrolla a lo largo de la vida para protegerse en contextos de peligro real o percibido.
Esta perspectiva tiene profundas implicaciones clínicas: nos permite ver al paciente no como alguien «dañado» o «desorganizado», sino como alguien que desarrolló soluciones creativas — aunque costosas— para sobrevivir emocionalmente. Y nos orienta hacia intervenciones que, respetando la función protectora de estas estrategias, puedan ayudar al individuo a desarrollar formas más flexibles y menos costosas de relacionarse.

REFERENCIAS:

1. Can Attachment Inform Decision-Making in Child Protection and Forensic Settings?. Infant Mental Health Journal. 2018. Spieker SJ, Crittenden PM.

2. Comparing Main, Goldwyn, and Hesse (Berkeley) and Crittenden (DMM) Coding Systems for Classifying Adult Attachment Interview Transcripts: An Empirical Report. Attachment & Human Development. 2018. Baldoni F, Minghetti M, Craparo G, et al.


3.Are Mothers’ Protective Attachment Strategies Related to Their Children’s Strategies?.Clinical Child Psychology and Psychiatry. 2017. Crittenden PM, Robson K, Tooby A, Fleming C.

4.Attachment Patterns in Children and Adolescents With Gender Dysphoria. Frontiers in Psychology. 2021. Kozlowska K, Chudleigh C, McClure G, Maguire AM, Ambler GR.

5. Assessing Attachment in the School Years: The Application of the Dynamic Maturational Model of Attachment to the Coding of a Child Attachment Interview With Community and Looked-After Children. Clinical Child Psychology and Psychiatry. 2014. Farnfield S.