

El trauma no solo deja huellas en nuestra mente, también rompe nuestra conexión con el mundo vivo que nos sostiene. Desde la Gestalt, la ecopsicología y la neurociencia, este artículo propone comprender la naturaleza y los animales como reguladores esenciales de nuestro sistema nervioso. Recuperar el vínculo con el entorno natural puede convertirse en un camino de reparación y seguridad. Porque sanar no consiste únicamente en reparar ell pasado, sino también en volver a sentir que pertenecemos al mundo.

Nuestro sistema nervioso organiza de manera preconsciente la respuesta de la persona en función de la percepción de peligro —como abandono, rechazo, traición, daño físico o emocional— más que del peligro objetivo.

Diana Rubio González. Psicóloga, educadora social y antropóloga. La adolescencia suele ser una de las etapas vitales que más moviliza

La verdadera práctica gestáltica ocurre en el “mercado” de la vida cotidiana: en el ruido de las relaciones, donde se activa nuestra reactividad. Meditar en el mercado es traer conciencia al instante incómodo: respirar, notar el cuerpo, observar sin juicio y reconocer la emoción y la fantasía que emergen. Ahí se entrena el músculo del darse cuenta, donde la presencia se vuelve gesto. No hace falta un retiro lejano: basta con practicar en el coche, en casa, en la pareja, en lo cotidiano. Estar presentes en lo difícil es la forma más profunda de meditación.

¿Terapia individual o familiar? Claves para decidir cuándo recomendar cada una según el síntoma, el sufrimiento y la demanda de ayuda.

Nos hemos acostumbrado a relacionarnos como seres traumatizados con capas y capas de protección, pero debajo de todas ellas hay un ser sensible, que nuestra cultura necesita que se despierte