Hacer terapia, es un acto de responsabilidad afectiva.

La terapia, es un acto de responsabilidad afectiva.

Abrazar nuestras sombras para poder encender nuestra luz

Autoría: Carmen Benítez Méndez. Psicoterapeuta infanto-juvenil. Nº colegiada M-18932.

La terapia individual es un proceso de trabajo personal, un ejercicio de valentía y un viaje hacia nuestro mundo interno. Implica detenernos para mirar de frente esos asuntos que arrastramos del pasado y que se activan en el presente, a veces con una fuerza inesperada y con emociones muy explosivas.

Es también una confrontación con nuestras narrativas, con las historias que nos contamos y que condicionan nuestra manera de estar en el mundo. Y, al mismo tiempo, una invitación a conectar con quienes realmente somos: a abrazar nuestras sombras para poder encender nuestra luz.

La psicoterapia es un ejercicio de cuestionamiento, pero también de aprendizaje. Es como aprender un idioma nuevo: el lenguaje del apego, de la seguridad, de los vínculos que nos sostienen y nos permiten crecer. Un idioma que nos enseña a estar disponibles para nosotros/as mismos/as y, desde ahí, para los demás.

Hace más de 15 años, ir a terapia seguía siendo un tema tabú, ligado a la idea de exclusión o “locura”. Hoy, en cambio, la sociedad ha dado un giro: hablar de psicoterapia se ha normalizado y compartirlo es un signo de cuidado personal. Además, la demanda de terapia infantil ha crecido notablemente, lo que permite intervenir en el momento en que se está “cocinando” la memoria traumática, antes de que se fije en patrones rígidos. Igual que aprender un idioma es más sencillo en la infancia que en la adultez, también lo es el trabajo personal en etapas tempranas: cuanto antes se siembre la seguridad, más posibilidades hay de crecer con confianza y resiliencia.

En este sentido, la terapia no es solo un recurso en tiempos de crisis, sino un auténtico acto de responsabilidad afectiva. Responsabilidad con uno/a mismo/a, al elegir cuidarse, conocerse y sanar. Y también con quienes nos rodean, porque el modo en que nos vinculamos influye en la vida de los demás. Elegir hacer terapia es apostar por relaciones más conscientes, seguras y amorosas.